jueves, 5 de noviembre de 2015

CAPITULO 16

          Al entrar en mi casa llame a mi madre ya que aún no llegaba del trabajo. Mi hogar era pequeño, pero contaba con lo necesario. Las habitaciones se encontraban en el segundo piso. Valentín subió mis cosas. Me negué a que lo hiciera, pero como se sentía responsable por mi accidente, no acepto un no por respuesta. Mi habitación era mi lugar favorito, el único lugar donde sentía que encajaba. Tenía una pequeña repisa donde estaba mi colección de libros, la mayoría regalos de mi madre y de algunas amistades. Bajo esta, mi escritorio con mi computador.

            Valentín se quedó observando mi habitación. Era primera vez que un hombre, que no fuera de mi familia, entraba ahí. Todo lo conversado anteriormente, me tenía exhausto. La siesta que tuve en el auto no fue reparadora, al contrario, fue más cansadora. Sin embargo, Valentín no daba señales de querer irse.

- Veo que te gusta leer. Tienes una  gran colección- Me senté sobre la cama. Él empezó a leer los  títulos de los libros- Los juegos del hambre, la saga completa de Harry Potter, Las crónicas de Narnia, Las ventajas de ser invisible, Fangirl, Eleanor y Park, Pideme lo que quieras…. –Se detuvo, saco el libro y me miro incrédulo- ¿¡Pídeme lo que quieras!?
- Es uno de mis libros favoritos- dije.
- Me cuesta entender como tienes este libro
- ¿Por qué?- interrumpí
- Ósea, en la tapa lo dice que es para mayores de dieciocho años. Y por el contenido que tiene. Me sorprende que lo tengas.
- Sinceramente, me gusta más que las 50 Sombras de Grey. Dime ¿A quién en su sano juicio le gusta que lo golpeen? Además que me cae mal Anastasia, es una mosquita muerta- Me levante y le quite el libro de las manos y volví a sentarme
- Así que eres un seguidor de la lectura erótica.  Daslav, sorprendes con tus gustos.
- Siempre puedo sorprender.- Abrí el libro y lo ojee.
- ¿Estarás bien?- Me pregunto sentándose al lado mío.
- Si Valentín- Nervioso me puse de pie. No quería tenerlo muy cerca. No hasta que pudiera desenredar todos mis pensamientos. Coloque el libro en su lugar.
- Muy bien. Es hora de irme.- Se levantó y camino hasta la puerta de mi habitación. Lo acompañe hasta la salida. Antes de irse añadió- Si necesitas algo, házmelo saber.
- Valentín… Quiero preguntar algo- me miro con expresión de incertidumbre.- ¿Eres gay?- Levanto una ceja y luego sonrío. Se acercó a mí.
- Ya hablaremos de eso- ¿Qué? ¿No me va a responder? Luego camino.
- ¡No me puedes dejar  con la duda!
- LUEGO HABLAMOS- grito mientras se subía a su Hyundai Veloster. Hizo un seña con su mano y guiño un ojo. Lo vi desaparecer al final de la calle.
           
            Tenía 20 días de licencia. Una de las cosas que lamentaba era no poder ir de nuevo al centro de Ski y perderme conocer a la delegación de turistas de New York.   De momento le deje el campo libre Isabella, pero no podía hacer nada, solo descansar. Sin embargo deseaba estar lejos de este ambiente, necesitaba analizar todo lo ocurrido para poder tomar decisiones en cuento a sentimientos. Por un lado estaba todo lo que me dijo León, del cual no sé nada. Por otro “mi hermano mayor” Valentín. Tendría tiempo de sobra para poder leer algunos libros pendientes y de seguir escribiendo en mi blog.

            Una parte de mi deseaba poder saber algo más de León. Como no tenía su teléfono, decidí enviarle un Whatsapp a Leandro;

Daslav:
Leandro ¿Cómo estás?

Leandro:
¡DAS! Desaparecido en acción. Bien ¿Y tú?

Daslav:
Más o menos…. Estoy con licencia

Leandro:
¿Qué? Te llamo.
                                         
            Pasaron unos segundos y mi teléfono sonó.

-¡¿Qué te paso?!
- Me estaban enseñando a esquiar y choque con una roca. Caí –Una carcajada  oí en el otro extremo- ¡Oye! ¡No es Chistoso! Bueno si, ahora es un poco. Pero tengo una contusión en el brazo izquierdo. Así que estoy esperando que me des tu autógrafo en él.
- ¡Lo siento! Es que te imagine como en las caricaturas rodando en una gran bola de nieve- dijo entre risas
- No te preocupes. Yo también me rio ahora, pero el dolor era insoportable.
- Se muy bien por lo que has pasado. Yo una vez me fracture el brazo por caerme del skate.
- ¿Sabes andar en skate?- Pregunté-
- Sí. No soy un experto, pero me manejo en el tema.
- Cuando me recupere deberás enseñarme a andar-  Mientras hablaba me dirigía a la cocina para buscar algo para comer.
- ¡Eres un peligro en todas partes! No se si te enseñe- Volvió a reírse.
- Es mi mala suerte, pero créeme, no se contagia.- Ambos reímos- A todo esto. ¡Tenemos que hablar!
- ¿Qué hice?- dijo en tono inocente.
- Sabes muy bien lo que has hecho… mejor dicho lo que sabes- Era tiempo de hablar con la verdad ante Leandro.
- ¿Sobre León?- dijo nuevamente entre risas.
- Exacto- Afirme- Pero a  mi regreso. Ahora te voy a dejar porque tengo hambre y debo preparar algo. Y es bastante complicado cocinar con una mano.
- ¡Pobrecito!- Se quedó callado unos segundos- No es necesario que hablemos a tu regreso.  Tengo tiempo, asi que envíame tu dirección por Whatsapp. ¿Te gusta la pizza?
- ¡Leandro! No te molestes-dije.
- No me molesto. Envíame la dirección  y si no lo haces. Créeme que tengo medios para encontrarla y llegaré
- Pero…
- Nada de peros. Envíamela.- El teléfono se quedó en silencio.
- ¿Leandro?... ¿Alo?- había cortado.

            Le envié la dirección. Sabía que podía pedir mis datos por el registro en el Hotel, así que no podía hacer nada para evitar que el llegara. Mientras esperaba ordene algunas cosas. Encendí el equipo de música y coloque el CD de Sam Smith. Me gusta mucho su estilo y sobre todo su voz. La canción Lay me down fue la primera pista que sonó:

Yes, I do, I believe
That one day I will be where I was
Right there, right next to you
And it's hard; the days just seem so dark
The moon, the stars are nothing without you

            Era una de mis canciones favoritas, sobretodo su letra. Cuando pierdes a alguien que quieres, que amas con todo tu ser. Debe ser algo muy doloroso, a través de su canción puedo sentir, o intentar sentir la tristeza.


Can I lay by your side, next to you, you
And make sure you’re alright?
I’ll take care of you,
And I don’t want to be here if I can’t be with you tonight
                         
            Quince minutos pasadas las ocho, golpearon la puerta. Baje el volumen de la música. Leandro había llegado y venia cargado de dos pizzas gigantes y dos bolsas.

-¡Hey! Solo somos tú y yo. ¡Has traído comida para un ejército!- Leandro paso y dejo las cosas en la mesa.
- ¡Tengo hambre! Y cuando yo tengo hambre se come- río. Se sentó en una de las sillas mientras y comenzó a sacar las cosas de las bolsas. Fui a la cocina a buscar platos y vasos.
- Te fue muy difícil encontrar mi dirección- Pregunte desde la cocina
- Para nada. Ya he estado en estos lugares- Leandro llego a la cocina- ¿Te ayudo?
- Trae los vasos-
            Era una de las pizzas más ricas que había comido hasta entonces. Leandro trajo cervezas. Él iba por la tercera lata, en cambio yo ni me acababa la primera.

-Veo que te gusta la cerveza-  dije.
-¡Me encanta!- saco otra rebanada de pizza- ¡Oye! Hablemos ¿Qué quieres saber de León?
- ¿Cómo es eso de que sabes que soy gay? –No era necesario andar con rodeos, León ya lo había confesado todo.
- Ahhh eso. Emmm Das. Mi radar nunca falla. No te dije nada pues, no vi que fuera un tema relevante. Me caes bien cómo eres y te acepto tal cual. – Tomo cerveza y siguió- Además quería que tú me lo contarás cuando ya te sintieras en confianza.
- Cuando León me dijo que tu sabías me impacto. Siempre soy el que termina contando todo- Hubo una pausa silenciosa. Nunca pensé que iba a tener de amigo a un Heterosexual. Soy una persona de pocos amigos, y menos hombres.
- Das… ¿Somos amigos o no somos amigos?- Extendió su lata de cerveza y las hicimos chocar y bebimos.
- Aunque lo que más me impacto fue cuando León dijo que sentía cosas por mí….- Leandro exploto. Escupió toda su cerveza sobre mi cara y empezó  a toser.- ¡Levanta los brazos!- le grite. Pasados unos minutos termino con su crisis.
¿Eso no me lo esperaba. Ósea, con León somos amigos de hace mucho tiempo. Hemos carreteado juntos. Lo he visto besarse con niñas, pero siempre sentí que ocultaba algo. Cuando lo encaré, casi se murió. Le dije que debía confiar en mi, por todas las cosas que hemos pasado juntos. – Volvió a toser, pero en menor grado a su ataque. Prosiguió- Pero nuca me imagine que sintiera algo por ti.
- Me dejo marcando ocupado. Aunque debo admitir que León esta bastante bueno- dije
- ¡Sin tanto detalle por favor!- dijo y se río.
- Perdón- Era raro hablar de esto con Leandro, sin embargo me sentía en confianza.
- ¿Y tú? ¿Sientes algo por él?- pregunto. No me quito su mirada de encima.
- Hay algo que necesito contarte.
- No me digas que tú sientes algo por mí.  Porque con todos mis encantos, lo entendería.-  Siguió bebiendo cerveza y me guiño un ojo y nos largamos a reir. Leandro era lindo, pero solo lo veía como amigo. Me encantaba su estilo, su sentido del humor.
- No. Aunque tal vez hubieses llegado antes…- Ahora yo le cerré el ojo. Él se puso rojo, fue inevitable no reír. Continúe - Lo que te quiero contar, no se lo he dicho a nadie- hice una pausa para dar un sorbo a mi cerveza.- Me gusta Valentín.- 
- ¿Quéééééééé?- Su expresión paso de felicidad a seriedad extrema- ¿El mismísimo jefe máximo?
- Si, el jefe máximo.

            Empecé desde el principio. Desde aquel día que le entregue el pendrive. Le conté que fue a primera vista. Que con el tiempo sus encantos me han ido cautivando cada día más. Además le dije todo acerca de lo de Isabella y como interfería en mi vida laboral, sobre sus amenazas. Le conté sobre mi caída en el restaurant y nos reímos a carcajadas. Si ya estábamos hablando con la verdad, era tiempo de ser sincero.

-¡Eres un imán de la mala suerte!-dijo Leandro
- Yo que tu no paso mucho tiempo conmigo
- Tendré que cuidarme- Abrió otra lata y me paso una a mí- Isabella, es una pendeja de verdad no me cabe en la cabeza que una mina sea así como ella.
- Es su mecanismo de defensa. Herir a los demás.
- Exacto. Bueno, volviendo al tema “León” ¿Qué piensas hacer?- pregunto
- No lo sé. De cierto modo me estar lejos de todos me hará bien para poder analizar las cosas. Poder aclarar ideas.
- Yo que tú le doy una oportunidad a León. Valentín no te va a pescar, dijo que eras su hermano menor y entre hermanos cualquier cosa que pase entre ustedes seria incesto.
- ¡Las tonteras que dices!- Era obvio que no seria eso, pues no somos hermanos de la misma sangre. Pero entendía el punto al cual se refería Leandro.
- Es como lo vería el jefe. Mira compadre, tu eres joven. ¡Somos Jovenes! Vive cada experiencia y no te compliques. Si se presenta una oportunidad ¡Tómala!
- Eso lo sé, pero no le quiero hacer daño a nadie y menos a León.
- Yo solo pienso que debería darte el tiempo de conocerlo, saber realmente cuáles son sus intenciones contigo. Dale una oportunidad.-

Cada vez que se ha presentado algo en mi vida, le doy muchas vueltas pensando. Es el caso de como casi pierdo la oportunidad de trabajar en el Hotel por no levantar mi mano cuando Valentín lo pidió. Si bien Leandro estaba un poco ebrio por toda la cerveza que había bebido, estaba en lo cierto. Era tiempo de hacer lo que yo quería, de tomar mi vida y vivirla.

Seguimos conversando por un par de horas más, ya eran alrededor de la una de la mañana. Un bostezo dio por terminada nuestra velada. Leandro llamó un taxi- Se iba a demorar unos diez minutos. Mientras tanto me pidió un plumón para dejar su marca en mi yeso:

“Marcharse es muy difícil… hasta
Que te marchas. Y entonces es la
Cosa más jodidamente fácil del
Mundo”
John Green- Ciudades de papel

- Me encanta ese libro- dije emocionado por la referencia que había escrito
- No soy de leer libros, pero logro atraparme.- Un bocinazo  se escuchó del exterior.
- Llego la hora de irme- Leandro tomo sus cosas y camino hacia la puerta.
- Muchas gracias por todo. Y no le digas nada a León ¿Ya?- Me dio un abrazo
- No te preocupes. ¡Tú deberás hablar con él!- nos separamos y me dio la mano-  Te vendré a visitar otro día.
- Ah por cierto. ¿Me podrías dar el teléfono de León?
- Uuuuuuh. ¡Todo sea por mis amigos! Dame tu teléfono para agregarlo- Se lo paso y lo registro en mis contactos. Escuchamos otro bocinazo.- ¡YA VOY! – grito
- Muy bien. Luego me cuentas todo. Sin detalles… por favor.
- Tranquilo, sin detalles- volvimos a reír por última vez. Él puso su mano en mi cabeza y revolvió mi pelo- cuídate “hermano menor”

            Leandro se fue. Recogí las cosas y me acosté. Mi madre un no llegaba. Trabajaba en una productora de eventos. Así que no debía esperarla despierto. Abrí WhatsApp y busque a León estaba “en línea”. No sabía si hablarle. Me quede revisando su foto unos minutos y me decidí a hacerlo.

Daslav
Hola León. Soy Daslav ¿Cómo estás?


            Pasaron algunas horas y la única respuesta por parte de León que vi, fue el doble check azul que significaba que lo había leído. No insistí.



jueves, 29 de octubre de 2015

CAPITULO 15


           Un rayo de luz sentí que acariciaba mi rostro. Su calor me llenaba y me dejaba en un estado de relajo total. Sin abrir los ojos recordé lo último que había pasado el día anterior. Las confesiones que León me había hecho. Sonreí. Era inevitable no sentirme bien, después de todo era primera vez que alguien se me declaraba. ¿Qué debía hacer ahora?

            Lentamente abrí mis ojos, el resplandor de la luz del exterior era enceguecedor, eso significaba que el la tormenta ya estaba en el pasado. Mis ojos se acostumbraron a la claridad. Sentí que un gran peso se extendía alrededor de mis piernas. Mire para ver quién era. Para sorpresa mía, Valentín estaba sentado a los pies de la cama.

-¿Valentín? ¿Qué estás haciendo aquí?- No entendía que estaba haciendo aquí. ¿Cuánto tiempo lleva mirándome? Él me observaba con cara de preocupación. Vestía un jeans negro, combinado con una camisa blanca y chaleco azul.
- Me tienes bastante preocupado. Te llame varias veces y no respondiste. Así que he venido a buscarte- ¿Ha venido a rescatarme?  Qué yo sepa no he estado en peligro….
- ¿A qué hora llegaste?- Pregunte colocándome los lentes y buscando mi teléfono bajo la almohada. Estaba sin batería – Se me descargo- añadí mostrando el móvil.
- Me lo imagine. Deberías andar con un cargador dentro de tu bolso-¿Me está retando?
- Como ordene señor Henríquez- conteste serio. Mire a la cama de León. No estaba.
- Se fue de regreso ya.- Respondió Valentín como si hubiese podido leer mi mente.
- ¿Se ha ido? ¿Sin despedirse?- Me dio cierta pena. No pude decirle nada más. Me hubiese gustado hablar de lo que paso ayer.
- Si, se ha ido. Lo encontré saliendo de la habitación. Le he dicho que se fuera antes, que no se preocupara, ya que yo te llevaría de regreso- Se levantó de la cama, y camino dirección a la salida de la habitación- Te traje algo de mi ropa, para que no uses lo mismo de ayer. Vístete, te espero en el comedor para desayunar.

            Salió de la habitación, yo me quede sentado en la cama tratando de asimilar lo que sucedía. Valentín me dijo que tuviera cuidado ya dos veces de la compañía de León. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué su actitud? ¿Serán realmente celos? Pero de que… No me cabía en mi cabeza su actitud. ¿Habrá pasado algo entre ellos? Mi curiosidad me estaba desesperando.

            Entre en la ducha. Me tome todo el tiempo del mundo. No sentía presiones por nada. Mi Jefe se encontraba aquí. Por ende no tendría problemas con el trabajo. Al salir, revise la hora en el reloj que se encontraba en una de las paredes. Eran las nueve de la mañana. Valentín tiene que haber viajada muy temprano para estar aquí.  Salí del baño para vestirme, eche un vistazo al bolso. En el interior habían uso jeans azules,  una polera manga larga de color negra. Además en una pequeña bolsa había un bóxer negro y un par de calcetines. Ropa interior nueva. Me coloque las prendas. Para darle mi estilo a la vestimenta que me dejo Valentín, me puse el chaleco que había usado ayer. Deje todo ordenado y me dirigí al comedor.

            ¿Habrá llegado León? No tengo su teléfono para llamarlo.

            Disfrutando de un café y leyendo el diario se encontraba Valentín. Estaba sentado en una mesa que daba a la terraza del centro de Ski. El día era perfecto. Los rayos del sol eran reflejados por la nieve, haciendo que mantener la vista, doliera. Me serví un café, tome un plato y lo llene con algunas galletas de chocolate. Cuando me senté al lado de Valentín dejo de lado el diario.

- Muchas gracias por la ropa. Te lo devolveré todo- dije dando un sorbo al café.
- No te preocupes, es un regalo. Todo está nuevo. En la madrugada, no había ninguna tienda abierta…
- Es algo que no puedo aceptar-  interrumpí -todo es tuyo- La taza me calentaba mis manos, ya me dolían por el frío.
- Tranquilo- Sonrió. Se veía más relajado. Más Valentín.- Se me acabo el café, voy por más. ¿Te traigo algo?
- Un vaso de jugo por favor.

            No sabía cómo abordar el tema de porque tanta la preocupación. No quería ser entrometido. Ya había más confianza entre nosotros, pero aun así no quería hablar del tema… aun. A lo lejos vi que Valentín hablaba por teléfono mientras vertía el jugo en un vaso y luego relleno su taza con café. Esta vez no se sentó,  se mantuvo de pie detrás de mí, al lado de la ventana.

-¿Has esquiado alguna vez?
- No, nunca. Me imagino que debe ser divertido.- Esquiar era algo que no me atraía.
- Yo todos los años vengo unos días. Me encanta hacerlo. La adrenalina es algo fantástico.- coloco uno de sus manos sobre mi hombro- ¡Vamos, te enseñaré!
- ¿Qué?- Abrí mis ojos impresionado con lo que me decía- Debemos volver al hotel.
- Ya está todo arreglado.

            Pasamos por nuestra vestimenta y todo el equipo para esquiar. La adrenalina del momento me tenía con mucho ánimo. Si fuera por mí estaría ya de camino al Hotel, pero las ideas locas de Valentín me atraían. La espontaneidad era algo que me gustaba de él. A mi mente se venía el recuerdo de Los Simpson, cuando Homero aprendía a realizar este deporte y el traje súper ajustado de Ned Flanders lo distraía. Hice una pequeña carcajada. Valentín no se dio cuenta. Este día era como tener unas mini vacaciones.

            El frio me congelaba la cara. La nieve me encandilaba, me coloque los lentes de sol. Y nos dirigimos a un pequeño cerro donde Valentín me iba a explicar los primeros pasos para esquiar. Sentía miedo, esto era una nueva experiencia, no era de mi gusto, pero era una oportunidad que no podía dejar pasar.  Lo primero que hizo Valentín fue enseñarme lo básico, mis piernas temblaban de lo nervioso que estaba. Nunca me imaginé que iba a esquiar alguna vez en mi vida o mejor dicho intentar esquiar.

            Las horas pasaron, sin duda era uno de mis mejores días. Realmente después de varias caídas y golpes, mi cuerpo estaba un poco adolorido. Me sentía tan cansado pero feliz. Valentín era muy bueno esquiando. Subió varias veces a un lugar muy alto, para poder descender y demostrar sus dotes esquiando. Sin duda era el mejor profesor.

            Mi turno seguía, debía demostrarle todo lo que había aprendido, pero de una distancia más corta. Valentín no me dejo subir tan arriba, él me iba a seguir desde atrás. Subimos en la telesilla. Avanzábamos a una velocidad normal. Disfrutando además de la vista del complejo. Me era difícil respirar. Valentín iba concentrado, no pronuncio palabra, del mismo modo yo me quede en silencio. En el lugar donde bajamos, estaba marcado para que los principiantes pudieran descender sin problemas. Con todo esto de las clases, practicar sobre la nieve, las risas con Valentín; me había olvidado completamente de lo sucedido anoche con León.

- ¡Das! Yo sé que tú puedes hacerlo. ¡Es sencillo!- Dijo Valentín alentándome.
- ¡Es sencillo para ti! Es la primera vez que lo hago. Así que no pidas mucho- él soltó una carcajada.

            Me impulse con los bastones. Lentamente decencia sobre la nieve. De a poco iba tomando velocidad. Mi corazón latía muy rápido y mis  manos temblaban. Sentía el viento sobre mi cara. Era una sensación tan agradable, ¡Magnifica! Iba muy rápido. Con mi imaginación, podía sentir que volaba. Rápidamente me acercaba al lugar donde Valentín me dijo que debía hacer un giro para seguir mi descenso. Mi mente se bloqueó, no recordaba como tenía que hacer ese movimiento. Estaba a cinco segundos. ¡MIERDA! ¡MIERDA! Salí del camino marcado para los esquiadores. Uno de mis esquís golpeo con una roca y perdí el equilibrio. Mi cuerpo salto a toda velocidad y luego rodó varios metros. Lo único que me dedique a hacer fue cerrar los ojos. En uno de los giros mi brazo derecho dio con unas piedras. Un árbol detuvo mi  movimiento, dejando caer parte de su nieve sobre mí. El dolor era insoportable.

- ¡DASLAV!- escuche un grito. Abrí los ojos y vi como Valentín se acercaba a mi lado.
- ¡¿Qué paso?!- pregunto. Su cara demostraba temor, preocupación.
- Me bloquee, no sabía qué hacer y luego choque con una piedra y bueno caí.- Me dolía desde el hombro hasta los dedos, pero trate de no mostrar debilidad ante él.
- Ven, te ayudare a levantarte- Me tomo del brazo
-¡HAAAAAAAY!- Grite. Valentín me soltó de inmediato. – Me duele mucho el brazo. Me golpee cuando estaba dando vueltas por el suelo- Definitivamente ya me había mostrado débil frente a él.
- Debemos volver ahora, para que te vean eso. Puede ser una fractura – Cuando era pequeño, me había golpeado muy fuerte. Y me enyesaron el brazo, pero esto era peor.

            Trate de levantarme sin tocar mi brazo lastimado. Mis piernas temblaban y volví a caer sentado. Sentía como si me hubiesen apaleado completamente, pero el brazo era donde se concentraba el dolor. Valentín al ver que me costaba pararme, me levanto y tomo con sus brazos. El movimiento al caminar, me provocaba muchos más dolores, pero no ser yo quien movía las piernas era lo mejor. Al momento de llegar a la edificio, Mauricio Santelices iba saliendo, quien al vernos corrió para ayudarme.

- ¿Qué paso?- Dijo él mientras abría las puertas y le hacía señas a una joven que automáticamente trajo una silla de ruedas.
- Una roca en el camino- Valentín respondió. Me sentó. No tenía ganas de hablar. Solo quería que me dieran algo para no sentir más dolor. ¡DASLAV, EL DOLOR ES PSICOLÓGICO  Cerré mis ojos evitando todo pensamiento, aunque ¡Era imposible!
- ¡Por aquí!- Escuche la voz del Señor Santelices. Sentía los movimientos rápidos de la silla.- ¡Estarás bien chico! El doctor te ayudará.- Nos detuvimos. El golpe de una puerta me hizo abrir los ojos.

            Todo fue muy rápido, a pesar de ser un lugar muy pequeño, tenía de todo. Rápidamente el doctor me examino el cuerpo, en especial el brazo. Cuando digo que este lugar tiene de todo, es porque realmente lo tiene. Andrés Hoffman, su nombre estaba bordado en su ropa, le pidió a su asistente que me tomará una radiografía y dijo a Valentín y a Mauricio que salieran. Ambos no se reusaron y abandonaron la enfermería ya que en el interior no estaban siendo de mucha ayuda. El dolor era un poco más soportable, no sé si es por qué estaba pasando o realmente el poder de mi mente era enorme.  
           
            Unos minutos después, mi cuerpo intentaba reposar sobre una camilla. El doctor revisando las placas de las radiografías dijo:

- Eres un joven bastante resistente. No tienes fractura, lo que es bueno. Pero si una gran contusión en el brazo izquierdo. Vamos a tener que inmovilizarlo.
- ¿Quiere decir que me colocara yeso?- pregunté.
- Si, pero es para evitar que te vuelvas a golpear, de esta forma puedas sanar más rápido.- La asistente preparaba las cosas para poder colocarme el yeso en el brazo. Además te daré estos analgésicos para que no sientas tanto dolor. Y toma esto- me extendió un documento- es una licencia por veinte días. Para que tengas reposo.

            Cuando Salí, eran casi las tres de la tarde. Valentín ya se había cambiado la ropa, se notaba preocupado. Estaba solo.

- Daslav, lo siento. No debí haberte dicho que hicieras esto. Es mi culpa
- No te preocupes Valentín. Le puede pasar a cualquiera.- Dije mientras caminábamos hasta la habitación para cambiarme la ropa.- Y el tonto fui yo. Me bloquee, así que tranquilo. Es solo una señal más de mi mala suerte-  Valentín soltó una carcajada

            Seguimos el camino sin decir palabra alguna. Valentín se había comportado muy bien. Solo quiso darme una experiencia nueva de aventura. No podía reprocharle nada. Solo fue un accidente. Y debo agradecer que no haya sido grave. En la habitación, él se sentó en la cama que ocupo León. Intentaba sacarme la ropa y las botas que tenía, pero me costaba demasiado. Valentín al verme complicado, me ayudo. ¡Era el momento de hablar!

- Valentín… ¿Por qué decías que tuviera cuidado cuando hablaba acerca de León?- Su mirada cambio, estaba serio.
- Daslav, León no es de mi confianza. Hay ciertas actitudes que no me gustan de él- , Me coloque los zapatos y luego él me abrocho los cordones. Gesto muy tierno de su parte. Levanto su mirada y prosiguió- León es un buen trabajador, pero siento que sus intenciones contigo no son buenas.
- ¿A qué te refieres?-  ¿Sus intenciones conmigo? Ahora sí que no entiendo nada.
- Das, yo sé que tú eres gay- ¡Seguimos con las revelaciones!- y León también lo es.- añadió. Resulta que todo el mundo lo sabía, menos yo.- Pero creo, que el solo quiere aprovecharse de ti, de  tu timidez, de tu ingenuidad.
- ¿Aprovechar?-  León solo había sido sincero conmigo anoche. Me había expresado todo lo que sentía. Aquello me había gustado, pero me había tomado por sorpresa, tal como todo lo que paso después. Me había confundido bastante. Sus caricias, su calidez. Nunca había estado con alguien tan cerca. Solo había soñado con algún momento que fuera de esa forma. Pensaba que eso solo pasaba en las películas.
- Si, mira Daslav. Yo te veo como un hermano menor.- ¿Qué? ¿Hermano menor? ¡Golpe Bajo! Ósea, me ve como un familiar. Ya es hora ¡Quita todo pensamiento de tu cabeza! ¡Él no siente lo mismo que tú!- Y Siento que debo protegerte
- ¿No crees que ya soy grande para cuidarme solo?- Sentía como todo por dentro se rompía, sentía el cuerpo pesado. Con ganas de acostarme y dormir, pero no, estaba en lo más alto de las montañas con el hombre por el cual tenía sentimientos, pero que solo que me quería como un hermano. Deseaba un minuto de soledad.
- Si, eres grande. No te puedo obligar a que estés o no con alguien. No puedo decir con quien te juntas o no. Solo quiero lo mejor para ti- ¡Ojala se diera cuenta que lo mejor que necesito en este momento era él! ¿Debía perder las esperanzas? ¡Esperanzas de que! ¿De algo que nunca fue, de algo que nunca será? Mi cabeza estaba a punto de explotar.
- Valentín, me quiero ir a casa- toda esta sinceridad me tenía agotado. No me había dado cuenta que él no se levantó desde que me abrocho los zapatos. Se paró, yo hice lo mismo. Tome el bolso con mis cosas.
- No dejare que cargues peso- Me quito las cosas de las manos y las llevo.
- ¡Puedo hacerlo! Recuerda tengo un brazo bueno aun- lo levante.
- No quiero que hagas fuerzas- Salimos con rumbo al estacionamiento- ¿Tienes hambre?
- No. Solo quiero descansar- dije sin mirarlo.
- ¿Pasa algo?- Pasan muchas cosas Valentín. Punto uno, me gustas. Punto dos, yo no te gusto. Punto tres, piensas que soy tu hermano menor y es algo que no me gusto oír. Punto cuatro, me siento mal por todo lo anterior.
- No pasa nada. Estoy cansado.

            Valentín me dijo que esperara dentro del auto mientras el cargaba todas las cosas. No lo odiaba por todo lo que me había dicho. Y menos podía estar enojado con él. Si yo tenía esos sentimientos, no podía obligarlo a que el los tuviera por mí. Estaba enojado conmigo. Sentía que había hecho el ridículo. Cuando cerró el portaequipaje, cerré mis ojos y me hice el dormido apoyando mi cabeza en la ventana. Sentí cuando entro, y se detuvo unos segundos. Imagino que debe haberme visto “dormir” y me dejo hacerlo. Reclino mi asiento un poco para que pudiera descansar más tranquilo.  El movimiento, el cansancio y los analgésicos hicieron que me quedara dormido de verdad.

            Una hora y media más tarde, Valentín me despertó. Habíamos llegado a mi casa.


viernes, 23 de octubre de 2015

CAPITULO 14

            El agua tibia recorría mi cuerpo. Sentía como cada uno de mis músculos se iban relajando, como se iban destensando de todo el ajetreo del día. Me quede varios minutos bajo la ducha. Esperaba que al salir, León ya se hubiera quedado dormido. Ocupe una de las toallas limpias que había en vanitorio. Antes de ir a la habitación, Catherinne nos consiguió dos pijamas, uno para mí y otro para León. Estaban nuevos, según lo que ella dijo, mantienen un stock de varias prendas para las personas que no tenían. Cepille mis dientes. En  cada uno de los baños colocaban estuches con artículos personales. ¡Este lugar tenía de todo! Trate de demorarme  lo más que pude para evitar tener que hablar con León. Aún tenía vergüenza por mirarlo demasiado.

            Salí del baño, pensando que mi compañero de habitación ya iba por su tercer sueño. ¡Qué equivocado estaba! Lo vi acostado. Me fije que no se había colocado el pijama, el cobertor lo cubría hasta la mitad del pecho. Me dio frío de tan solo mirarlo. León revisaba su teléfono.  Subí a la cama, sin acostarme. Observe el exterior a través de la ventana, el viento y la nieve no daban tregua, incluso se habían intensificado al pasar las horas. Tome mi teléfono que había dejado en la cama antes de ir al baño, mire la hora, faltaban quince minutos para las diez de la noche. No tenía sueño, debido a mi pequeña siesta en el furgón, pero si estaba cansado. Busque en mi bolso mis audífonos. Cuando no estoy en mi cama, me es difícil conciliar el sueño, la música me relaja. León despego la vista del celular y dijo:

- ¿Daslav? ¿Te puedo hacer una pregunta?- En el momento que me colocaba los audífonos, León me hablo. Típico que cuando alguien te dice ¿Te puedo hacer una pregunta? Te pasas mil rollos en la cabeza. La misma sensación de cuando te dicen “Tenemos que hablar”. ¿Me iba a preguntar porque me quede mirándolo? Sentí que mi corazón empezaba a latir más rápido.
- Si, dale pregunta.-respondí nervioso.
- ¿Eres gay?- dijo mientras colocaba su teléfono en el velador que estaba junto a su cama. Nunca pensé fuera tan directo. En mi vida poca gente me había hecho esa pregunta. Soy el típico gay que no se le nota lo gay. Si le sumamos el hecho de que trato de pasar desapercibido por ser bastante introvertido. Aunque cada vez que me han preguntado he respondido con la verdad.
- Si- Respondí. Me sentí incomodo hablando de este tema con él. Aun no le  tenía suficiente confianza. Prefería hablar con Leandro antes.
- Yo también lo soy- dijo él.

            Me imagine que me diría cualquier cosa. Desde que me iba a golpear por mirarlo como lo hice, hasta que bromearía con ese tema, pero que fuera gay me sorprendía bastante. No sabía que decir. No tenía ningún amigo gay, solo compartía con mujeres heterosexuales. En realidad no tenía amigos hombres. Lo más cercano a uno era Leandro. Valentín no contaba por que el me gustaba, y no lo quería que fuéramos amigos. Él otro gay que conocía era Diego, pero no me caía bien por el simple hecho de que fuera amigo de Isabella. Me acomode en la cama para mirar de mejor forma a León.

-Me tomas por sorpresa con esto, ósea eres un joven bastante atractivo. Las chicas deben hacer filas para querer estar contigo. Nunca me lo imagine.- dije tratando de entrar en confianza.
- He salido con muchas, pero no me sentía bien conmigo mismo. Era como mentir. La verdad es que estoy recién empezando en este tema. Acepte mi homosexualidad hace poco.  
- ¿Quién más lo sabe?-dije.
- Solo tú y Leandro.
- ¿De eso estaban hablando hoy en antes del almuerzo?- pregunte recordando lo raro que estaban ambos.
- Sí. Leandro me decía que debía preguntarte. Que tal vez me serviría hablar con alguien que lo fuera.- ¡Wow! Es el día de revelar secretos
- Así que Leandro lo sabe, yo no se lo he dicho. ¿Cómo se enteró?- esto ya se había vuelto un interrogatorio.
- Del mismo modo como te lo acabo de preguntar. Leandro tiene un don especial, puede reconocer a la gente gay. No sé cómo lo hace, pero lo hace. ¡Es una buena persona y mi mejor amigo! Cuando me lo pregunto, me sentí fatal. Pensaba en todo lo que había hecho para que él lo notara. Pero no se lo podía negar, debía ser transparente con mi amigo. Debía ser sincero, sobretodo conmigo mismo, así que se lo confesé todo. Hoy falte al almuerzo porque me dio vergüenza verte, hablarte en ese minuto y ahora estamos aquí.
- Por eso te note incomodo toda la tarde. Ahora entiendo porque te querías quedar solo en el furgón, mientras yo hablaba con el Señor Santelices. Disculpa si fui insistente.- Si yo estaba nervioso con todo el tema de decirle a Valentín que me gustaba, para León debe ser algo parecido similar. Su nerviosismo debe ser mayor.
- No te preocupes, estaba nervioso. Ahora me siento más tranquilo de poder hablar de todo esto con alguien, pero bueno. Hay algo más que quiero decir- Cerro los ojos y tomo aire. ¡A estas alturas ya nada me sorprendería!- ¡Estoy sintiendo cosas por ti!

            Esa frase fue como sentir un balde de agua fría caer sobre mí. ¡Nunca digas que ya nada te puede sorprender!  ¡León sentía cosas por mí! ¿Qué se hace en estos casos? Esta sí que era una situación por la cual nunca había pasado. La mayoría de las veces era yo quien sentía algo por alguien, pero ese alguien nunca las sentía hacía mi. Y me lo reservaba, tal como lo he hecho con Valentín. No puedo negar que no he visto a León con otros ojos, eso quedó demostrado hace unos minutos atrás cuando observe su trabajado cuerpo. Sin embargo fue todo un simple acto de mirar. No habían sentimientos de por medio. Aunque, debo admitir que un chico muy guapo que te diga que siente a cosas, me alegro mucho. León me miraba, esperaba una respuesta. ¡No sabía que decir! Ya me sentía un poco más en confianza. Me levante y me subí a la cama de León.

-¿Qué cosas sientes por mí?- pregunte. Su mirada era nerviosa. Tenía los puños apretados. Mi estómago sentía mariposas en su interior.
- Daslav, tú me estas empezando a gustar. Desde el primer día que te vi almorzando con Leandro… - Hizo una pausa, miro hacia el techo. Tomo aire y continuo- Lo siento esto me tiene bastante nervioso. Es la primera vez que le digo a un hombre que me gusta. Cuando salimos juntos del hotel aquella vez. Me quería quedar más tiempo contigo hablando, pero tú debías ir a tu casa y no podía entrometerme en tus asuntos.
- León, no sé qué decir. Me tomas aún más por sorpresa.

            Era verdad, no sabía que decir. En mi mente me veía en medio de Valentín y León. Dos hombres muy guapos. Uno de ellos no tenía idea que me gustaba. Al otro yo le gustaba. León se había armado de todo el valor que pudo y me dijo lo que sentía. Lo considere un gesto tierno y de mucho coraje. Situación que yo no pude hacer en la mañana con Valentín. Las revelaciones de esa noche me confundían en un alto nivel. Me gusta un chico que no sé si es gay, que no se si podrá resultar algo. Ese “algo” que solo podía quedar en mi mente como una simple imaginación. En cambio León me había confesado algo que me hacía aterrizar, algo que era verdadero.

            León se arrodillo en la cama y se acercó quedando a unos centímetros. Mi corazón se empezó a acelerar. Las manos me sudaban bastante. Observe que León había ocupado solo el pantalón del pijama que le habían prestado, dejando ver todo su escultural torso. De su pecho se podían ver algunos vellos, algo que me gustaba de un hombre, estaba tan cerca que podía sentir sus latidos… ¿O eran los míos?

            Me miro unos segundos y luego tomo mis manos, entrelazamos nuestros dedos. Nunca había tenido a un hombre tan cerca al nivel que lo estábamos. Estaba paralizado. Mi cuerpo no reaccionaba, solo se dejaba llevar por lo que estaba sucediendo. Ninguno de los dos pronunciaba alguna palabra. A través de su mirada podía ver el deseo, la excitación. Llevo una de mis manos hacia su boca y me dio un beso en mis nudillos. Sentí una electricidad recorrer todo mi cuerpo, sentí como cada musculo despertaba y como se erizaban mis vellos. Con fuerza me acerco a su cuerpo y coloco sus brazos alrededor de mí. Mi mente no sabía qué hacer, cada gesto que tenía León en ese momento iba subiendo su intensidad. Me soltó, dejando ese abrazo en un recuerdo. Me miro y sonrío. Se notaba tranquilo, más relajado. Se veía en paz con el mismo. Llevo sus dedos a mi rostro acariciando mis mejillas y rozando levemente con sus yemas mis labios. ¿Era verdad todo esto que estaba sucediendo? ¿Realmente estaba pasando? Sentía miedo de que me besara, al mismo tiempo, curiosidad; confusión por mis sentimientos hacia Valentín. Sentía que lo estaba traicionando. No tenía nada con nadie pero me sentía como una persona a punto de cometer una infidelidad ¡Qué estupidez! Como si fuera un video en cámara lenta León coloco sus manos a ambos lados de mi rostro y me llevaba directo a sus labios. Un segundo antes de que todo sucediera mi teléfono empezó a sonar. Alguien me llamaba. Salte raídamente dejando a León con su beso a medio camino. Como si hubiese sabido lo que estaba pasando, Valentín me llamaba. Conteste dándole la espalda a León:

-¿Aló?- dije
- Hola Daslav. ¿Todo bien?- Valentín pregunto
- Sí. Todo bien aquí. ¿Allá?- me tiritaba el cuerpo de nerviosismo.
- Acá bien. Me dijo Mauricio que los habían instalado en una habitación. ¿Es verdad?- Según mi poca experiencia en estos temas… ¡Valentín estaba sintiendo celos!
- Exacto Señor Henríquez, León está aquí conmigo- trate de controlar los nervios.
- ¿Señor Henríquez?... Daslav cuídate por favor- Segunda vez que me decía esto. ¿Por qué será?
- ¿A qué se refiere?- le pregunte con tono serio.
- Yo sé porque lo digo.- respondió fríamente.
- Bueno, a mi regreso me lo explica. – Al tenerlo lejos me sentía más desafiante-Ahora me iré a dormir, estoy muy cansado. Buenas noches- añadí
- Buenas noches- fueron sus últimas palabras.
                                                                    
            Fue una noche de muchas emociones. Para terminar, los supuestos celos de Valentín. Que los tuviera, ¡Me gustaba! Me gire para ver a León, este se había acostado nuevamente. Me miro y dijo:

-Daslav, disculpa si me sobrepase con mis acciones, pero como te dije. Me estas empezando a gustar…. Mejor dicho ya me gustas, pero no te obligare a nada. Disculpa si te pase a llevar. Ahora descansa. Buenas noches- Se dio vuelta sin esperar una respuesta de mi parte.
- Buenas noches- dije mientras me metía en la cama

            Apague la lámpara y la habitación nos envolvió en la oscuridad. Eran alrededor de las 12 de la noche. El tiempo pasó muy rápido. En mi cabeza daba vueltas la escena anterior. Me quede dormido sin usar los audífonos.


            El sueño de la tarde se repitió. Todo era similar incluyendo el momento en que Isabella me empujaba, pero los cambios pasaban a continuación. Dos brazos me sujetaban impidiendo caer al vacío. Mi mano derecha era sujetada por León y la otra por Valentín. Ambos me sostenían con todas sus fuerzas. Evitaba mirar hacia abajo, por miedo a perder las fuerzas y soltarme. Ellos me levantaban y lograban subirme al techo de la azotea. Lo chistoso del sueño era que en uno de los postes estaba amarrada Isabella. Lo dramático era que Ambos hombres que me habían salvado se miraban con odio. 


lunes, 19 de octubre de 2015

CAPITULO 13


- Dame un segundo Das... ¡Pase!- Grito Valentín. Yo me quede quieto, observándolo.  El destino ¿Qué me quería decir con esto? Ósea, estaba a punto de decirle a Valentín que me gustaba, pero esta interrupción me bloqueo de todo pensamiento y acción. Mis 20 segundos de coraje se  habían ido a la a mierda. En la puerta estaba Isabella, era ella quien me había arruinado mi gran momento.

-Daslav, Anita te ha enviado estos documentos para que los lleves al centro de Ski- dijo sin mirarme, su vista estaba quieta en Valentín.
- Gracias- respondí cortante. Se produjo un silencio incómodo. Yo mire a Valentín. Este a su vez fijo su vista en Isabella.
- Me retiro, permiso Valentín- dijo ella haciendo como que yo no existia. Camino hacia la puerta y salía. Antes de cerrarla hizo un gesto con su mano y le guiñó un ojo a Valentín.
-¿Daslav?- dijo Valentín. Gire mi cabeza desde la puerta hacia él. Su expresión era seria.
- Me tengo que ir se me hace tarde- respondí con nerviosismo esquivando su mirada. Fije mi vista en el reloj de la pared.
- ¿Qué me ibas a decir?- ¡Mierda! ¡Daslav inventa algo urgente! Me dije a mi mismo. Si le dices lo que realmente pasa, quedaras en ridículo.
- Nada… que me caes bien -conteste mirando su corbata color negro para no tener contacto visual con sus hermosos ojos.
- Es que…
- Me tengo que ir- interrumpí- ¡Hablamos después!- fui en búsqueda de mi bolso y salí corriendo de la oficina en dirección al ascensor.

            Ya en el elevador analice bien la situación, decirle a Valentín que me gustaba, era algo muy arriesgado. Primero debía averiguar si realmente era gay o no. Que llegara Isabella fue algo que me tomo por sorpresa, pero me daba más tiempo para hacer las cosas de otra forma y no dejarme llevar por los impulsos… o ¿Fue mi inseguridad y el miedo al rechazo lo que me detuvo? Isabella estuvo menos de cinco minutos, y yo podía haberle dicho a Valentín todo cuando ella se fue de la oficina, pero no lo hice. Creo que ya llegara el momento de hablarlo… ¿O No?

            De camino al estacionamiento no podía sacar de mi mente lo que estuve a punto de hacer ¿Qué hubiese pasado? En el estacionamiento, faltaban solo cinco minutos para las tres. No sabía quién era el estafeta que me llevaría al Centro de Ski. Me senté en una banca. Frente a mi estaba un furgón, en una de sus puertas estaba el logo del Hotel. Las iniciales HGP con varias estrellas alrededor.

            A las tres en punto, escuche unos pasos detrás de mí, era León que se detuvo a unos pasos de mí. Su expresión era como si hubiese visto a un fantasma
-¿Das? ¿Tú vas al centro de Ski? – Me pregunto mirando directamente a mis ojos.
- Sí. ¿Eres tú el estafeta que me llevará?- Es increíble. En todo este tiempo nunca supe en qué  departamento trabajaba y tampoco se lo había preguntado a Leandro.
- Así parece.- paso por al lado mío- ¿Vamos?- el subió. Yo me senté en la parte de atrás- si quieres puedes sentarte en el asiento del copiloto- añadió
- Prefiero sentarme aquí atrás. No me agradan mucho los furgones- El me observaba por el espejo retrovisor. Solo podía ver sus ojos.
- ¿Algún trauma?- preguntó. Poniendo en marcha el vehículo.
- Hace algunos años atrás, tuvimos un accidente. Mi padre… - aleje mi vista del espejo, mire hacia el exterior. Era inevitable no sentir tristeza al recordar ese episodio- Mi padre murió.
           
            El silencio se hizo presente por unos segundos. La muerte de mi padre era algo que aún no superaba. Si bien habían pasado varios años, su presencia nos hacía falta. El accidente marco mi vida.

-Lo siento- La voz de León me hizo volver al mundo actual.
- No te preocupes. ¡Estoy bien! – le ofrecí un sonrisa mientras pasaba mis dedos sobre mis ojos, no quería que me viera derramar lágrimas. No quería sentirme vulnerable menos frente a León.
- Pondré algo de música. ¿Te gusta The Smiths?
- ¡Me encanta!- dije. León coloco el CD en la radio del furgón. La primera canción fue Asleep. Esta banda la conocí cuando leí el libro Las ventajas de ser invisible. Siempre supe de la su existencia, pero para mí se hicieron conocidos cuando le puse real atención a sus canciones. La primera vez que los escuche, fue alucinante. Ya después se convirtieron en uno de mis grupos favoritos.

            El invierno se había hecho presente con mucha intensidad. En el cielo se podían ver las grises nubes que en cualquier minuto dejarían caer gotas sobre la ciudad. Me deje llevar por la música y por el hermoso paisaje a mi alrededor de camino al nuestro destino. Mis parpados pesaban y al cabo de unos segundos me quede dormido.

            Rara vez puedo recordar lo que sueño. Esta vez fue la excepción. Estaba de pie en el ascensor del hotel. La diferencia era que habían muchos más pisos, alrededor de cien. Presione el que llevaba a la azotea. Las luces empezaron a parpadear, típico de un elevador en mal estado o de los que aparecen en las películas de terror. Mi corazón empezaba a latir rápido, el miedo se apoderaba de mí. La puerta del ascensor de abrió. La lluvia caía fuerte, la podía sentir sobre mi piel al caminar. Llegue a la orilla del edificio, esperando ver la ciudad completamente mojada. Todo se veía muy pequeño desde arriba. Al darme vuelta estaba Isabella, ella colocaba sus manos en mis hombros y con toda su fuerza me empujaba. En cámara lenta mi cuerpo caía hacía el vacío.
-¡Daslav, despierta!- Abrí los ojos. Observe que León me hablaba y movía mi cuerpo. El furgón se había detenido al igual que la música. Solo se podía oír el choque de la lluvia sobre el techo del vehículo- ¡Menos mal que has despertado! Ya me estabas asustando.
- Tuve una pesadilla- No solo me bastaba tener que lidiar seis días de la semana con Isabella, si no que ahora en los sueños.
- Al principio, Vi que te quedaste dormido y no quise molestarte. Luego empezó a llover y al rato ya empezaste a moverte mucho. ¡Me tenías preocupado!
- Hace tiempo que no soñaba cosas feas- le dije. Observe el exterior. La nieve cubría casi todos los cerros y la vegetación.- ¿Llegamos?
- Estamos a diez minutos del Centro de Ski, hace bastante frio. Lo más probable que esta lluvia se convierta en nieve a medida que seguimos subiendo. Creo que deberías sentarte adelante.

            Me levante y a pesar de mis miedos, me cambie al asiente del copiloto. Tal como León lo dijo, la lluvia dio paso a la nieve. Hace ya varios años que no veía nevar. Más aun, en el lugar que estábamos, era un espectáculo hermoso. Saqué unos guantes de mi bolso y me los coloque ya que mis manos estaban heladas. La calefacción dentro del furgón no ayudaba mucho. Pasados diez minutos se podía divisar el edificio junto con algunas de sus instalaciones. A pesar de que eran recién las cuatro y media de la tarde. El cielo estaba bastante oscuro. Nos dirigimos al estacionamiento de funcionarios. León hablo con el encargado de aquel lugar y nos dejaron entrar. Si ya tenía frio dentro del furgón, cuando me baje me congele. Siempre me ha gustado el frío, el invierno y aunque toda esta aventura me tenía hasta la punta de la nariz congelada. Me gustaba.

            Nos apuramos en entrar al edificio. En el interior, todo era cálido. Grandes chimeneas se extendían por los lugares principales, grandes sillones con mantas en cada uno de ellos producían un ambiente hogareño. Le preguntamos al encargado de informaciones donde podíamos encontrar a Mauricio Santelices, él era el contacto de Anita con quien debía hablar. Este nos entregó unas identificaciones de visita y nos dijo que lo podíamos ubicar en el quinto piso. León no quería acompañarme, pero debido a mi insistencia, no tuvo otra opción.

            El señor Santelices nos recibió en su oficina, era más pequeña que la de Valentín, pero era acogedora. Una chimenea se imponía en una de las paredes, al  frente de esta, unos sillones junto con una pequeña mesa. Nos sentamos y le mostré los documentos que Anita envío.

-Para nosotros tener una alianza con ustedes es algo fantástico- dijo El señor Santelices- La idea principal de que viniera un representante de su Hotel es que puedan ver algunas de las instalaciones que ocuparan sus huéspedes. Además de firmar los anexos del convenio que se corrigieron.
- Claro, Anita y el Señor Henríquez me encomendaron que personalmente hablara con usted y de este modo poder hacer todo transparente y en con más confianza- Una joven hizo su entrada con una bandeja, en esta habían tres tazas con café y algunas galletas.
- Cathy, te presento a Daslav y León. Ellos vienen en representación del Hotel Gran Palacio- Ella es mi esposa Catherinne.
- Es un placer conocerlos- nos saludó con un beso en la cara- Mi esposo está ansioso y desea tener muchos más proyectos con ustedes- dijo Catherinne sonriendo.
- Para nuestro Hotel también. El Señor Henríquez está muy entusiasmado con todo esto. No haya la hora de que lleguen los huéspedes.
- ¡Muy bien!- Grito el señor Santelices
- Los dejare conversar tranquilos, vuelvo enseguida- Dijo su esposa y salió de la oficina

            La siguiente hora, el señor Santelices nos dio una catedra de como llego al puesto que tenía, además de varias anécdotas graciosas. Siempre soy un tipo muy reservado, me cuesta darme a conocer o entablar conversaciones con gente desconocida, pero esto no era el caso. Me sentía en confianza. León se reía, no sé si por protocolo, o porque de verdad le parecían chistosas las cosas que decía el hombre. Lo serio no se le iba. Pasados unos minutos, Cathy entro nuevamente en la oficina.

-Cariño ¡Afuera esta horrible! ¡Es una tormenta de nieve!- dijo mirando por la ventana.
- ¡Terrible!- el señor Santelices se levantó y camino hacia donde estaba su esposa. Observo por la ventana y añadió- No se pueden ir, el clima empeorara esta noche. Se supone que este frente de mal tiempo llegaría mañana en la tarde. ¡Se nos adelantó!
- Daslav, no podemos viajar con ese clima. ¡El viento podría dar vuelta el furgón!- me dijo León
- Chicos, ustedes me han caído muy bien. Y no dejare que se vayan con este clima. Así que pueden quedarse esta noche. Yo hablare con Valentín. Si mañana esto se ha calmado, podrán bajar- Cathy y su esposo, se acomodaron nuevamente junto a nosotros.
- No queremos causar molestias- Dije mirándolo a los ojos- Solo veníamos por estos documentos.
- No son molestias Chico. Para mí es un honor tenerlos aquí. Desde ahora son nuestros invitados especiales. Cathy acompáñalos a que coman algo y luego que les asignen una habitación y puedan descansar.

            Caminamos junto a Catherinne. En el trayecto, ella nos decía a que orrespondía cada puerta. Pude ver la sala donde los instructores de Ski se reúnen para luego dar las clases a los alumnos. La sala de trofeos, en la mayoría se podía ver al Señor Santelices con el primer lugar. El casino era grande, pero no como del Hotel, pero tenía un buen tamaño. Comimos Carne asada con puré de papas.  León se notaba algo incómodo.

            Nos llevaron a nuestra habitación. Había dos comas, elegí la que estaba al lado de la ventana.

-Creo que me iré a duchar para luego acostarme. Estoy cansado. Dijo León mientras entraba al baño.
- Vale, luego voy yo.

Hace mucho tiempo que no compartía la habitación con alguien, más aun con otro hombre. Me sentía nervioso, aunque el cansancio era mayor. Decidí enviarle un Whatsapp a Valentín, para avisarle en el caso de que el señor Santelices no lo hubiese hecho.

Daslav:
Valentín, hay una tormenta de nieve. Es imposible poder bajar ahora. El señor Santelices nos ha invitado a pasar la noche aquí para evitar accidentes. ¿Te aviso
Valentín:
Daslav. Si me aviso ¿Quién te acompaño?

Daslav:
León, el estafeta.

Valentín:
Ok, ¡Ten cuidado!

Daslav:
¿Cuidado? ¿Con quién o con qué?

Valentín:
Solo ten cuidado. Descansa. Buenas noches.

            ¿Qué tuviera cuidado? ¿Con León o por qué soy propenso a pasar accidentes o situaciones incomodas? ¿Eran celos que sentía Valentín?

            Llame a mi madre para explicarle todo, ella me dijo que tuviera cuidado con el clima y que aprovechara de conocer el lugar si podía. Estaba de espaldas al baño, sentí que la puerta del baño se abrió y era mi turno de ducharme. Me levante y fue imposible no quedarme pegado observando a León. La toalla le cubría de la cintura hacia abajo. Tenía el torso descubierto y húmedo al igual que su cabello. Me di cuenta que el gimnasio si hacia efecto en él, su cuerpo estaba muy trabajado. Pude  ver sus abdominales, pectorales y sus perfectos músculos en los brazos. León es un joven muy atractivo. Mi cara se puso roja y sentí calor. Me metí corriendo al baño. ¡Qué vergüenza! No por el hecho de ver a otro hombre semi desnudo, si no, porque me quede embobado mirándolo.  ¡Lo que necesitaba en ese minuto era una ducha con agua fría!